La educación en nuestro país está detenida. Ha estado no de
apenas, si no de hace tiempo, está detenida desde que se destina un módico
recurso a la educación, recurso superado por lo que otorga el estado a el
subsidio petroquímico.
Triste pero real, nuestras autoridades están más preocupadas
por lo que sucede en la industria petrolera que en la educación misma, siendo
que poniendo más atención en la educación se solucionarían los problemas
económicos sociales y demás cuestiones con mas mexicanos educados que soportaran sobre
sus hombros la economía y se ocuparan de
forma más educada y ordenada de los problemas del país.
Actualmente se decretó una ley de carácter “educativo” en la
cual se establecen puntos claves de restructuraciones a la forma de contratar y
laborar a los profesores, basado en una evaluación o examen aplicado a los
catedráticos, sin embargo, los parámetros
con los cuales se evaluarán no son
claros, además de no tener claro el organismo que ejecutará entre otras cosas.
El tema como tal tiene muchas aristas, niños sin clase,
padres molestos, autoridades represoras.
El problema fundamental no consta en las detenciones de
labores por parte de los maestros, si no en la distracción que implica la
cobertura a este fenómeno.


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